Bosch

El padre Larrañaga

Naturaleza ilustrada

por Carolina Porley
Ilustrador: Dámaso Antonio Larrañaga

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Naturaleza ilustrada es una publicación al estilo de los beaux livres que reproduce los dibujos de especies vegetales y animales que clasificó el multifacético Dámaso Antonio Larrañaga hace 200 años, revelando la gran capacidad de observación y precisión gráfica del primer naturalista que tuvo el país, así como la importancia del dibujo para el hombre de ciencia a principios del siglo XIX.

«¡Qué de misterios encontramos a cada paso en la naturaleza que a cada momento nos humillan y nos obligan sin cesar a confesar que sabemos muy poco, y que aún tenemos mucho que leer y observar […] si queremos escribir algo con acierto!» Así expresaba, en su Diario de Historia Natural, el presbítero Dámaso Antonio Larrañaga (1771—1848) su devoción por las formas de vida no humana sobre la tierra.

En las primeras décadas del siglo xix este religioso, político, educador, coleccionista y naturalista realizó una serie de casi 300 ilustraciones de especies de flora y fauna que identificó en la Provincia Oriental y que iban a acompañar un ensayo científico que nunca llegó a publicar. En total eran 137 dibujos de especies botánicas y 149 de peces, reptiles, insectos, aves, mamíferos y fósiles.

En 1837, cuando durante el gobierno de Manuel Oribe se creó el Museo Nacional, el también fundador de la Biblioteca Nacional puso a disposición sus colecciones de piezas minerales, zoológicas y herbarios indicando que todo el material «ha sido clasificado, descripto, y en mucha parte, dibujado y colorido por mí mismo».

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Tras la muerte del naturalista, en 1848, la documentación quedó en los altillos de su casa quinta del arroyo Miguelete y su familia confió al estadista e historiador Andrés Lamas la tarea de ordenar el material y darlo a conocer. Pero Lamas murió en 1891 sin poder cumplir ese objetivo. No fue sino hasta 1922 que el Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay publicó por primera vez esos dibujos, seguramente queriendo cumplir con la misión que uno de sus fundadores se había trazado décadas atrás.

Ese material gráfico se encuentra hoy en el Archivo General de la Nación (agn), luego que el gobierno uruguayo se lo comprara a principios del siglo xx a la sucesión de Lamas. Está guardado dentro de la unidad documental denominada «Colecciones y archivos privados: escritos del padre Dámaso Antonio Larrañaga». El material está constituido por cuatro cajas de madera de unos 30 cm de base, 40 de lado y 12 de profundidad. Tres de esas cajas contienen escritos de carácter político y filosófico, correspondencia y documentación relativa a publicaciones y manuscritos. La cuarta caja atesora los dibujos de especies botánicas, peces, reptiles, insectos, aves, mamíferos, fósiles y mapas del Río de la Plata realizados por Larrañaga Todas ellas se encuentran en la cámara de conservación preventiva de documentos del agn.

Hace un par de años Mariana Duarte y Carlos Serra quedaron deslumbrados al ver esos dibujos en el agn. En realidad en un primer momento no vieron los originales sino las reproducciones publicadas por el Instituto Histórico y Geográfico. Entonces se propusieron pensar un nuevo proyecto editorial para divulgar las ilustraciones de quien fuera el primer naturalista del Uruguay.

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El proyecto Naturaleza ilustrada fue presentado por Duarte, Serra y la diseñadora Lucía Venturini a los Fondos Concursables para la Cultura en 2015 y en noviembre de 2016 la publicación vio la luz.

El valor histórico y artístico de los dibujos es apreciable en el detalle descriptivo y en la calidad estética de las figuras, así como por la técnica de coloración.

Según explican los autores en el texto introductorio, se optó «por un lenguaje actual al estilo de los beaux libres, haciendo hincapié en los detalles, aislando figuras y proponiendo nuevas combinaciones, apartándonos así de la simple reproducción documental de las imágenes. A la hora de elegir, ponderamos los dibujos mejor acabados y de colorido más reluciente sobre otros que, aunque no menos atractivos, por estar hechos a lápiz serían más complejos de reproducir con fidelidad».

«El resultado –dicen— es una obra que dialoga desde la actualidad con los originales y que esperamos contribuya a la difusión de la figura de Larrañaga como naturalista.»

Entre 1799 y 1825, año en que quedó definitivamente ciego, Larrañaga realizó una importante acción científica de descripción y clasificación de especies autóctonas de vegetales y animales que marcó la historia de las ciencias biológicas en nuestro país. No deja de ser asombroso que esto lo hizo aún sin tener formación específica ni prácticamente bibliografía alguna sobre el tema. Por otra parte, esto sucede en un período histórico especialmente turbulento: la Provincia Oriental pasó de ser colonia española a provincia autónoma durante el artiguismo y su proyecto de Liga Federal; luego Provincia Cisplatina bajo el mando lusitano para luego pasar a ser escenario de guerra entre las Provincias Unidas del Río de la Plata y el Imperio del Brasil y finalmente, tras la Convención Preliminar de Paz, constituirse en estado independiente.

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Durante esos períodos y en todos los contextos, Larrañaga no estuvo encerrado investigando, sino que asumió tareas de relevancia: fue una destacada figura de la revolución artiguista, llegó a ser senador por Montevideo, alcanzó el cargo de vicario apostólico, fundó la Biblioteca Nacional, así como la primera escuela lancasteriana y luego contribuyó a la fundación del Museo Nacional cediendo sus colecciones de minerales, botánica y zoología.

Así como su contemporáneo Juan Manuel Besnes e Irigoyen (1789—1965) se transformó en el primer iconografista de la ciudad de Montevideo, de sus personalidades, tipos característicos, costumbres sociales y hechos más sobresalientes de la historia política del país, Larrañaga se constituyó en el primer iconografista de la naturaleza, de las especies no humanas que crecían y vivían en estas tierras.

La ciencia y el dibujo

Naturaleza Ilustrada se propone avanzar en el conocimiento de una faceta poco estudiada de Larrañaga, la de su vocación científica como biólogo y de su actividad de naturalista, describiendo y clasificando distintas especies de seres vivos, según la taxonomía creada por Linneo —utilizada durante dos siglos—, así como la mirada de Lamarck y Darwin respecto a la evolución de las especies.

De ese modo, Larrañaga encarnó «el paradigma científico de las ciencias naturales de su época» (fines del siglo xviii y primeras décadas del xix). Con este bagaje teórico de fondo el científico oriental «clasificó fauna y flora identificando varias especies. Si esta clasificación se hubiese publicado en el momento en que fue hecha más de mil especies llevarían hoy el nombre asignado por Larrañaga», sostienen los autores.

El libro incluye los distintos nombres de las especies ilustradas (el nombre popular, el científico y el dado por Larrañaga), la familia a la que pertenecen y algunos datos descriptivos aportados por el naturalista. Varias de sus frases descriptivas y reflexiones que acompañan los dibujos a lo largo de las 80 páginas del libro fueron extraídas de algunos trabajos bibliográficos de Larrañaga, comoDiario de Historia Natural 1808—1814 y Escritos (Tomos I y II) y Selección de escritos (disponible en internet).

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En esa época, y ante la imposibilidad de reproducir la realidad por medios mecánicos, el dibujo era una de las herramientas por excelencia para el trabajo de los científicos.

En ese esfuerzo de observación, ilustración y clasificación, Larrañaga trabajó junto con su amigo y también naturalista Bartolomé Muñoz, un español que se había radicado en Buenos Aires. Los autores revelan que varios de los dibujos de las series de Larrañaga fueron en realidad obra de Muñoz e incluso llevan su firma.

El propio Larrañaga agradece a su amigo, en su Diario de Historia Natural (1808—1814) –cuyo manuscrito, que se creía desaparecido, se editó en 2015—, y resalta el valor de su colaboración: «Esta fineza y otras muy repetidas que a cada paso recibo de este respetable amigo, a quien debo mucho de mi pasión a esta ciencia: recibiendo de su mano los primeros libros, dibujando para mí varias figuras de historia natural, y en particular de algunos peces raros».

Finalmente, los autores recogen en la publicación ejemplos de la vigencia de los hallazgos de Larrañaga, así como la admiración que su minucioso relevamiento provocó en sus contemporáneos. Por ejemplo, en una carta que le envía el naturalista francés Aimé Bonpland (1773—1858) sostiene: «es increíble que usted solo en el país, entregado al estudio de la historia natural, sin guías, sin libros, haya podido reunir tantos objetos diferentes y clasificarlos como lo ha hecho».